viernes, 4 de noviembre de 2011
Y entonces llega el otoño.
Esos jodidos meses negros, en los que por la mañana te mueres de frío y por la tarde de calor. Que no sabes si ponerte una chaqueta de invierno o una chaqueta fina. Que llegas a casa y cuando te quieres dar cuenta son las seis. Y es de noche. ¿Por qué cojones es de noche a las seis de la tarde? Y te toca encender la chasca. Y todos los meses son iguales. Tardas en acostumbrarte al curso y, cuando por fin lo has hecho, llega el puto frío para colarte entre tus huesos y congelarte lo asumido. Y no sabes que pijama ponerte. Cuando llevas el corto tienes frío, y cuando llevas el largo tienes calor. ¿Es que acaso no podía existir un pijama para Otoño? Y de repente llueve. Y cae una tormenta. Y decides quedarte en casa calentita, viendo alguna serie rollo Simon. Y a los quince minutos sale el sol y tu te cagas en su puta madre. Septiembre Octubre Noviembre y Diciembre. Todo es gris y marrón. Tu subconsciente te sigue diciendo que todavía estamos más o menos en verano, pero entonces llega un niño cabrón y te dice 'Mira, ya estamos en Otoño, se han caído todas las hojas de los árboles y están desnudos' Y es verdad. Oh, puta mierda. ¡Estamos el Otoño! Odio el Otoño. ¿Qué narices pinta una estación con tres meses con los nombres prácticamente iguales, donde no sabes que ropa ponerte, que pijama llevar y que cuando decides lo primero tienes que ponerte lo segundo porque con el puto cambio de hora ya es de noche? El cambio de ropa. Guardar todas las camisetas de manga corta y coger las cajas con la ropa de invierno...duele. Y luego vete tú a sacar al perro a -89458456 grados, que cuando quiere ponerse a mear se ha congelado en el espacio. En fin, que odio el Otoño. Bueno...siempre me quedarán las castañas.
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